El suicidio ocupa un lugar entre las primeras 10 causas de muerte en las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. Se considera que cada día se suicidan en el mundo al menos 1 110 personas y lo intentan cientos de miles, independientemente de la geografía, cultura, etnia, religión, posición socio-económica, etcétera. Cualquier sujeto puede, en determinado momento de su existencia, sentir que la vida no tiene sentido por diversas causas, como la enfermedad física o mental, la pérdida de una relación valiosa, un embarazo oculto o no deseado, la soledad, las dificultades cotidianas en personalidades poco tolerantes, lo que convierte el suicidio en la mejor y única opción para ellos.
El intento de suicidio, junto al suicidio, son las dos formas más representativas de esta conducta, aunque no las únicas. Desgraciadamente existen muchos textos que sólo tienen en cuenta estos dos aspectos, los que, por demás son los más graves, y no otros que detectándolos y tomándolos en consideración de forma oportuna, evitarían que ambas ocurrieran.
El espectro completo del comportamiento suicida está conformado por la ideación de autodestrucción en sus diferentes gradaciones: las amenazas, el gesto, el intento y el hecho consumado.
Un episodio depresivo mayor se define por un síndrome formado por al menos cinco de los síntomas que a continuación se relacionan:
- Ánimo deprimido.
- Disminución del interés o pérdida del placer por las actividades habituales.
- Aumento o pérdida de peso (5 % en un período de un mes) o cambios en el apetito.
- Insomnio o hipersomnia casi diarias.
- Agitación psicomotora o lentitud.
- Fatigabilidad o pérdida de energía.
- Sentimientos inadecuados de culpa o inutilidad.
- Disminución de la capacidad de concentración o indecisión.
- Ideas de suicidio o de muerte.
FACTORES DE RIESGO EN LA NIÑEZ
- Presenciar acontecimientos dolorosos (divorcio, separación, muerte de un ser querido).
- Problemas con las relaciones paterno-filiales.
- Problemas escolares.
- Llamadas de atención de padres o maestros con carácter humillante.
- Búsqueda de afecto y atención.
- Agredir a otros.
- Deseos de reunirse con un ser querido fallecido.
Los síntomas se presentan al menos durante dos semanas. Si la depresión es de tipo melancólico, de mayor severidad se encontrarán al menos cinco de los siguientes síntomas.
- Pérdida del interés o placer por la mayoría de las actividades habituales.
- Falta de respuesta a estímulos agradables.
- Mayor depresión en las mañanas.
- Insomnio matutino (despertar 2 horas antes de lo habitual).
- Lentitud o agitación psicomotora.
- Anorexia significativa o pérdida de peso (más del 5 % del peso corporal en un mes).
- Ausencia de trastornos previos de la personalidad.
Uno o más episodios depresivos mayores anteriores con remisión completa o casi completa.
Buena respuesta previa a un tratamiento somático antidepresivo adecuado (antidepresivos, sales de litio, electroshock).
El trastorno distímico, consistente en un estado de ánimo deprimido o irritable, que se prolonga diariamente durante un año, se caracteriza por acompañarse de dos de los siguientes síntomas.
- Descenso o aumento del apetito.
- Insomnio o hipersomnia.
- Fatiga o pérdida de energía.
- Disminución de la autoestima.
- Falta de concentración o dificultad para tomar decisiones.
- Sentimientos de desesperanza.
- Generalmente comienza a los 21 años y la ausencia de sintomatología durante dos meses excluye el diagnóstico.
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